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Embajada de los Estados Unidos
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Demostración del poder ciudadano

Editorial del Emb. Antonio O. Garza, Jr.
publicado en el diario Reforma el 2 de noviembre de 2004

Hoy es un día importante para los Estados Unidos y para México. El Día de los Muertos es una expresión única de la herencia cultural mexicana, que perdura a través de siglos y conjunta tradiciones étnicas y religiosas de muchos grupos diversos. Aunque de manera bastante diferente, el día de las elecciones en los Estados Unidos es también una expresión vívida de nuestra herencia cultural única. También se ha desarrollado durante muchos años hasta llegar a ser un reflejo de nuestro crisol de razas, de nuestros antecedentes diversos y expectativas y de la imagen que tenemos de nosotros mismos como estadounidenses.

Aprecio y agradezco que muchos de mis amigos mexicanos hayan compartido conmigo y con muchos de nosotros sus tradiciones públicas y privadas en torno al Día de los Muertos. Quiero compartir, por mi parte, algunos de mis conceptos con respecto a lo que significa el Día de las Elecciones para los estadounidenses.

No se puede entender a los Estados Unidos sin entender el papel del ciudadano, del individuo en nuestra sociedad y en nuestra historia. Hombres y mujeres fuertes y valientes se asentaron en nuestro país, construyeron pueblos y comunidades, proveyeron lo necesario a sus familias y los nutrieron con la convicción de la democracia. El gobierno en realidad no tuvo que ver con esto. Las personas se decidieron y crearon virtualmente de la nada el mundo que deseaban tanto para ellos como para sus hijos. Esta experiencia como nación nos dejó un legado inusual: una fe profunda y firmemente compartida en el poder del ciudadano individual para actuar y hacer la diferencia, al igual que su responsabilidad personal de hacerlo cuando se le requiriese.

Nuestro proceso electoral es una extensión clara de esta tradición. Cada votante estadounidense, ya sea que vote hoy en el gimnasio de una escuela o lo haga electrónicamente, ya sea que haya votado por correo en ausencia, lo haya enviado desde México, o lo haya hecho desde la estación espacial -como es el caso de un astronauta texano, cada unos de ellos cree en su capacidad personal de tener impacto en el sistema político de los Estados Unidos y en su responsabilidad de ejercer tal capacidad.

Lo que hace que los estadounidenses participen en nuestras elecciones es un compromiso personal en el proceso y en el ideal, más que cualquier tipo de requerimiento legal. Esto se fortaleció hace cuatro años cuando las decisiones de unos cientos de votantes en el estado de Florida hicieron la gran diferencia en el resultado de nuestra elección. Los individuos son la diferencia en la sociedad estadounidense y el proceso electoral es ejemplo de ello.

La independencia de pensamiento y de expresión, de creencia y de determinación también forma parte importante de este acontecimiento nacional. Tenemos un recio orgullo en nuestras tradiciones políticas y electorales, así como en nuestro derecho a cuestionar -libres de los lazos del paternalismo que ataba a nuestros antepasados- a nuestro gobierno y a nuestros dirigentes, a nuestros empleadores y a nuestros vecinos.

Los miembros del personal de la Embajada que trabajan bajo mi dirección son funcionarios del gobierno que detentan cargos públicos para poner en práctica las políticas y las decisiones de nuestro Presidente. Sin embargo, estas personas con una carrera en el Servicio Civil tienen el derecho -y lo ejercen- a sus propias opiniones privadas y políticas, así como a votar según lo dicte su conciencia.

El voto secreto es la clave para preservar esta independencia intelectual y política. Da voz a todos los miembros de nuestra sociedad. El Día de las Elecciones cada voto y cada votante son iguales.

No importa qué intereses poderosos hayan buscado inclinar las opiniones en uno u otro sentido durante la campaña, al final, cada votante tiene la palabra final. El proceso electoral permite que el estadounidense común determine el destino de quienes lo gobiernan en muchos niveles, desde la junta escolar local hasta la Oficina Oval en la Casa Blanca, y también permite vigilarlos una vez que hayan tomado posesión de sus cargos. Obviamente, los estadounidenses no limitan su libertad de expresión y de pensamiento sólo al periodo electoral, pero el Día de las Elecciones es una manifestación especialmente decidida de lo importante que son la libertad de expresión y de determinación para la cultura estadounidense.

Puede examinarse de muchas formas esta "Cultura Estadounidense" como una expresión política, pero también debe verse a través del prisma del regionalismo. La manera como nos vemos a nosotros mismos define el proceso electoral; los estadounidenses se ven a sí mismos como un grupo diverso. Se ha dicho que el día de hoy no se realiza una sola elección presidencial, sino 51 elecciones individuales en cada uno de los 50 estados y el Distrito de Columbia. Antes de la elección presidencial del año 2000, muchas personas en muchos lugares del mundo no se habían percatado de que no se elige de manera directa al presidente de los Estados Unidos. El sufragio en el Día de las Elecciones va a determinar la distribución de votos en el Colegio Electoral que, a su vez, determinará oficialmente al Presidente electo en diciembre, si todo sucede sin contratiempos.

¿Por qué los Estados Unidos, la más antigua y exitosa democracia en el mundo tiene un sistema tan extraño que parece mostrar una desconfianza básica en el ciudadano promedio? En términos simples, se trata de nuestra tradición. Nos consideramos como estadounidenses y como ciudadanos de una gran nación, pero también nos apresuramos a identificarnos como oriundos de Iowa, de Rhode Island, como californianos, neoyorquinos y, en el caso de algunos afortunados, como texanos. Se diseñó el Colegio Electoral para proteger a los estados pequeños al darles un papel mayor, y también para reconocer el peso de los estados grandes con un número mayor de votantes y para evitar las divisiones que provocarían los candidatos que, al no ser conocidos fuera de su región, no pudieran ser objeto de un mandato a nivel nacional.

Este sistema ha conformado las políticas presidenciales y nuestras tradiciones electorales por más de 50 elecciones presidenciales, y los partidos y las campañas se han ajustado a este molde poco común con el fin de mantener su identidad y autoridad a nivel regional. Al paso del tiempo, mucho ha cambiado en nuestro país, pero se ha mantenido este compromiso estatal y regional. Tenemos orgullo de ser ciudadanos de un país y de las muchas voces que se unen en este proceso democrático. Todo ello es una realidad el Día de las Elecciones, pero también hay que tomar en cuenta que el patriotismo y el orgullo que sentimos como estadounidenses también provienen de nuestras raíces estatales y regionales.

En el curso de la historia de los Estados Unidos, desde el primer día en que los Peregrinos desembarcaron en Plymouth, hemos invertido en instituciones democráticas como el proceso electoral, y hemos hecho que la práctica de la democracia sea fundamental en nuestras vidas, abarcando nuestro comportamiento social, desde clubes filantrópicos hasta consejos estudiantiles. Hemos llegado a confiar en estas instituciones porque las hemos adaptado para que satisfagan nuestras necesidades. Con el tiempo hemos aumentado o disminuido su autoridad, y también hemos abolido a las que no han funcionado. Las instituciones democráticas ejercen influencia sobre nosotros, pero no determinan el curso que tomarán los Estados Unidos. Nuestra fe en nuestras propias instituciones es lo que permitió a nuestra nación superar la controversia en la más reciente elección presidencial y apoyar como país a nuestro Presidente, sin demandar una nueva elección y sin temer un colapso del sistema.

Al estar fundamentadas en nuestra Constitución y al estar sujetas al escrutinio y acción de nuestros ciudadanos, nuestras instituciones democráticas han aportado estabilidad durante nuestros más de dos siglos de existencia, nos ayudan a superar los obstáculos actuales y son una guía para nuestro camino hacia el futuro.

Este Día de Elecciones va a producir emociones contrastantes: alegría desbordante para unos y desilusión para otros, pero significa para todos la posibilidad de involucrase en un proceso democrático participativo. Pudiera también traer consigo retos no previstos, a medida que sigue adelante nuestro experimento democrático. Sin embargo, independientemente de cómo se desenvuelva el proceso electoral, nuestras instituciones democráticas perdurarán y la historia de los Estados Unidos va a conformarse, de nuevo, por otra experiencia electoral.

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