Discursos y Declaraciones
Palabras del Embajador Garza en la Celebración
del 90 Aniversario de la Cámara Americana de Comercio
15 de noviembre de 2007
Antes que nada, quisiera dar la bienvenida a la secretaria
Patricia Espinosa. La relación bilateral entre México
y los Estados Unidos es compleja y desafiante. El año
que ha pasado ha sido extraordinariamente productivo, y
nuestros lazos jamás han sido más fuertes,
más constructivos y más maduros que en la
actualidad. Sé que esto es en gran parte gracias
a tu liderazgo; gracias Patricia.
Sr. Marriott, gracias. No sólo por su presencia
aquí esta noche pero, aún más, por
su fe e inversión en México.
Simón Díaz, como siempre, muy bien hecho.
Larry Rubin, gracias por tu trabajo con la Cámara
Americana, y por organizar esta magnífica velada.
Hace un rato oímos acerca de la historia de la Cámara
Americana en México, y yo no tengo nada que agregar
excepto darte las gracias, Luís, por tu información
acerca de los 90 años de la Cámara en México.
Aún en una ciudad con una historia tan rica como
la capital, la Cámara Americana ha hecho importantes
contribuciones.
Pero como sucede en toda organización dinámica
y que mira al futuro, sé que la mejor parte de la
historia de la Cámara Americana es la que está
por escribirse. Ciertamente, la misión de la Cámara
es aún más importante para ambos países
hoy que lo que fue en 1917. Basta ver el efecto positivo
que la Cámara Americana ha tenido sobre el comercio
en ambos países en los últimos años
para comprender su importancia. Me imagino que ni el más
ambicioso o ilusionado de los fundadores de la Cámara
pudo haber soñado que ésta llegaría
a la prominencia que disfruta en la actualidad.
Todos los días leemos sobre los retos comunes que
los Estados Unidos y México enfrentan juntos. Estos
retos están llevando a una mayor cooperación
en seguridad entre los gobiernos de ambos países.
Pero hay algo aparte de la cooperación gubernamental
que es necesario para crear una sociedad auténticamente
segura y pacífica, y ese algo es una meta que todos
los que estamos en este recinto buscamos sostener todos
los días: la prosperidad.
Yo creo firmemente que aunque el gobierno no genera la
riqueza, sí puede crear un ambiente en el que se
recompense a los que arriesgan y al capital. Las compañías
de la Cámara Americana reconocen eso. Ya sea que
traigan al mercado el siguiente producto revolucionario,
o animen al gobierno mexicano a que adopte políticas
que hagan más competitivo y seguro a este país,
su meta es la prosperidad. Y debemos de agradecerles eso.
Como embajador de Estados Unidos ante México, y
presidente honorario de la Cámara Americana, supongo
que me competen dos responsabilidades. La primera es comprometerme
a continuar apoyando a la Cámara Americana, sus objetivos
y su misión. Somos sus aliados, y es nuestro deber
y gusto ayudar a un grupo tan valioso e importante. A nombre
de toda la representación de Estados Unidos en México,
les dirijo mis más sinceras felicitaciones a todos
los miembros de la Cámara Americana al celebrar 90
años espectaculares en México.
Mi segunda responsabilidad es el cerrar el programa formal
con un brindis. Como muchos de ustedes saben, casi siempre
concluyo con un brindis sencillo en el que pido a Dios que
bendiga a los Estados Unidos y a México. Esta noche
quisiera pedirles que levanten su copa y que pidan conmigo
a Dios que bendiga no sólo a los Estados Unidos,
a México y a la Cámara Americana, pero también
que continúe dando fuerza y valor a aquellos que
están comprometidos a construir puentes de comprensión,
y no muros de separación, entre nuestros dos países.
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