En febrero de 2000, los miembros de la Organización Mundial
del Comercio aprobaron en el Consejo General iniciar en una semana las
negociaciones sobre agricultura y servicios a las que previamente se
habían comprometido.
Esa decisión fue la primera que los miembros de la OMC tomaron
desde la reunión ministerial de diciembre en Seattle, que no logró
iniciar una nueva y abarcadora ronda mundial de conversaciones sobre
el comercio.
Si bien Estados Unidos esta firmemente comprometido a seguir
adelante con las nuevas negociaciones, aun no se ha aclarado si los
miembros de la OMC encontrarán la voluntad política para lograr
progreso significativo hacia la liberación comercial en el año 2000.
El progreso dependerá, en parte, de la participación de los países
en desarrollo a un nivel nunca antes visto -- y los funcionarios de la
administración Clinton reexaminan sus posturas teniendo presente ese
entendimiento. Requerirá también un compromiso mayor de parte de los
países industrializados para desmantelar las barreras al comercio en
sus muy delicados sectores industriales y agrícolas.
La administración Clinton sigue consagrada a la idea de que el
comercio más libre no debería tener como resultado normas laborales
o ambientales más bajas en ninguna parte. Pero busca una estrategia
para presentar estas ideas de manera tal que una masa crítica de países
puedan aceptarlas.