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Embajada
de los Estados Unidos
PRESS RELEASE |
DISCURSO DEL EMBAJADOR DE LOS ESTADOS UNIDOS
JEFFREY DAVIDOW
EN LA UNIVERSIDAD DEL VALLE DE MÉXICO
San Angel, México, D.F. Junio 1 del 2001
MÉXICO – ESTADOS UNIDOS, RETOS COMPARTIDOS
"Una mirada más de cerca a la legalización de las drogas"
Me da mucho gusto estar hoy con ustedes y tener la oportunidad de referirme al asunto de la legalización de las drogas, dentro del contexto de los retos que comparten nuestras dos grandes naciones.
Cada uno de nosotros ha escuchado a alguna otra persona decir, e incluso quizá haya pensado o dicho en alguna ocasión, que simplemente deberíamos legalizar las drogas, con el fin de que la sociedad ya no estuviera agobiada por el problema de hacer frente a los narcotraficantes. Precisamente porque puede aumentar en el futuro la credibilidad de esta posición y también porque respeto el papel de todos ustedes como importantes líderes de opinión, en especial entre los jóvenes, quiero abordar este tema.
A medida que analizo los argumentos en pro de la legalización de las drogas, encuentro dos líneas de pensamiento. En primer lugar, está el argumento filosófico de que el gobierno no tiene derecho de decir a los ciudadanos cómo deben conducir su vida privada. En segundo lugar, se encuentra la aseveración de que si se pudieran obtener las drogas de manera legal, causarían menor daño a la sociedad que el número de actos delictivos que se relacionan con el comercio de los narcóticos.
Ambos razonamientos me parecen muy débiles e ignoran hechos y principios básicos.
El punto de vista libertario, sostiene que el gobierno no tiene la autoridad de evitar que las personas se dañen a sí mismas. Por lo tanto, si alguien eligiera utilizar drogas, suicidarse o conducir un vehículo sin haberse puesto el cinturón de seguridad, habría tomado decisiones personales que no deberían ser reglamentadas por el estado. Se trata de un razonamiento muy atractivo, especialmente en sociedades como la estadounidense, que han exaltado el papel de la libertad personal.
Sin embargo, la mayoría de las sociedades, incluyendo la norteamericana, reconocen que la autoridad del gobierno conlleva la responsabilidad de promover y preservar códigos de conducta aceptados. Aunque debe permitirse a los individuos la libertad máxima, se debe tomar en consideración los intereses mayores de la sociedad – ya sean la seguridad en las carreteras o el compromiso ético de proteger la vida humana. En un nivel práctico, también debemos reconocer que puede usarse mal la libertad absoluta. Yo mismo podría tener un diferente punto de vista con respecto al derecho de Sócrates a beber la cicuta, del que sostengo acerca de cuán sabio sería permitir que los adolescentes pudieran adquirir bebidas alcohólicas.
Si estoy dispuesto a luchar hasta las últimas consecuencias para proteger a mis hijos y evitar que se conviertan en drogadictos, también debo tener la misma disposición para ayudar a evitar que el hijo de otra persona se convierta en drogadicto. Una sociedad que adopta la posición de que debe permitirse que los que quieran suicidarse usando drogas lo hagan, ha perdido mucho más que la batalla contra las drogas ilícitas – ha perdido su propio sentido moral.
El argumento filosófico no es el que más utilizan quienes apoyan la legalización de las drogas. Un razonamiento más común es que el costo para la sociedad al tratar de controlar el comercio de las drogas ilegales es mayor que cualquier beneficio que se derive de tales esfuerzos. Me parece que aceptar este argumento implica haber ignorado en primer lugar algunas realidades. La primera y fundamental es el daño profundo que las drogas causan a las personas que las usan. Los narcóticos son ilegales por el daño que causan, no causan daño porque sean ilegales.
Veamos ahora con más detenimiento algunos de los elementos básicos de este tema.
El mercado negro de las drogas persistiría incluso con la legalización.
La legalización se presenta con frecuencia como un argumento
abstracto, sin haber analizado con seriedad las áreas de debate
subsecuentes. ¿Qué es lo que debe legalizarse?
¿Tan sólo la mariguana? ¿La mariguana y la heroína?
¿Todas las drogas? ¿Para qué edades? ¿Quién
vendería las drogas – el gobierno o empresas privadas? ¿Quién
será responsable por los costos sociales del uso de las drogas?
Recordemos que la existencia de un mercado negro depende en gran parte
de los parámetros que determinan el uso legal. Por lo tanto,
si sólo se legalizara la mariguana, los narcotraficantes continuarían
su comercio ilegal de heroína y cocaína; si el uso de drogas
fuera legal para los mayores de 18 años, los narcotraficantes tratarían
de venderlas a los menores de 18 años.
El consumo de drogas aumentaría con la legalización.
Un elemento fundamental del debate sobre la legalización es
la afirmación de que el consumo de las drogas y la drogadicción
no aumentarían si se legalizaran. Esto es evidentemente falso.
El consumo de bebidas alcohólicas aumentó de manera importante
después de que se abolió la prohibición de las mismas
en los Estados Unidos. Vivimos en un mundo de adicciones. El
número de adictos a la nicotina y al alcohol en mi país se
cuenta en decenas de millones. ¿Acaso alguna persona cree con seriedad
que el acceso más libre a las drogas sin ninguna amenaza de sanción
o castigo tendría como consecuencia una baja en el número
de personas que usan drogas? No lo pienso así. En México
está aumentando de forma drámática el consumo de drogas,
aunque por supuesto no está aún al nivel de los Estados Unidos.
¿Acaso alguna persona seria quiere hacer más fácil
que los jóvenes obtengan drogas? No creo que así sea.
Sin embargo, éste sería el resultado inevitable de la legalización.
Los programas de legalización han tenido consequencias no deseadas.
Otro elemento de los argumentos en pro de la legalización es
la idea de que los programas de descriminalizar han tenido éxito
en otras naciones. Las leyes liberales de Holanda en cuanto a las
drogas son tema de amplia discusión en los medios informativos.
No obstante, lo que no se conoce ampliamente es el hecho de que ese país,
cuyo tamaño es un poco menor que el estado de Jalisco, tiene más
de 50 clínicas que proporcionan metadona a los adictos a la heroína,
y que quienes abusan de las drogas constituyen un gran porcentaje de los
reos en las cárceles holandesas por haber cometido otros crímenes.
Es más, el número de personas que usan mariguana ha aumentado
en ese país desde que se descriminalizó su uso.
Inglaterra puso fin a su experimento de una década con respecto a proporcionar heroína a los adictos, al ver que su número aumentaba. Suiza tuvo una experiencia similar. Después de que liberalizó el uso y venta de drogas en una parte de la ciudad de Zurich llamada "Parque de las agujas", el país atrajo drogadictos de toda Europa. Las autoridades suizas clausuraron finalmente el parque en 1992, después de que se registró un aumento de violencia y muertes. Se calculaba entonces que el número de usuarios de drogas había aumentado de unos cuantos cientos hasta 20,000. Un poco de tolerancia hacia las drogas trae a muchos visitantes no deseados.
La legalización crearía altos costos fiscales para los
gobiernos.
Quienes están a favor de la legalización también
presentan un razonamiento simple y engañoso en cuanto a que los
recursos gastados en controlar las drogas se emplearían mejor en
la educación , la infraestructura y otras prioridades nacionales.
Algunos han sugerido incluso que los gobiernos deberían aprovechar
los grandes ingresos fiscales que provendrían de legalizar las drogas.
Pero estas personas no toman en consideración que el abuso de las
drogas reduciría la productividad y, a la larga, afectaría
la base gravable. Tampoco consideran los costos de poner en vigor
normas relativas a la seguridad de las drogas ni la carga a largo plazo
sobre el sistema de salud. Tampoco toman en cuenta los costos financieros
relacionados con el abuso conyugal o de los hijos, la incapacidad para
trabajar, el alto índice de deserción escolar y la irresponsabilidad
general que conlleva el uso de las drogas.
La drogadicción conduce al delito.
De manera más importante, quienes favorecen la legalización
de las drogas ignoran las consecuencias sociales devastadoras que ésta
ocasionaría. El Departamento de Justicia de los Estados Unidos
puede dar testimonios del hecho de que el uso de las drogas, en especial
la cocaína, el crack, las metamfetamines y el PCP (polvo de ángel),
altera el comportamiento y contribuye a la delincuencia. En 1999,
74 por ciento de los presos en la ciudad de Nueva York dieron resultado
positivo en un examen de uso de drogas cuando fueron arrestados.
Los delitos, como sabemos, afectan el tejido moral de la sociedad y debilitan
las instituciones democráticas.
Victorias en la reducción de la demanda de drogas.
Una pecepción errónea que promueven los que apoyan la
legalización de las drogas es que la política actual acerca
de las drogas está fracasando y simplemente no funciona. Sin
embargo, el hecho es que en realidad el uso de las drogas ha disminuido
considerablemente en los Estados Unidos durante los últimos 20 años.
En 1979, 25 millones de estadounidenses – o sea, el 14.1 por ciento de
la población mayor de 12 años y el nivel más alto
que se haya registrado jamás – había usado drogas ilícitas
por lo menos una vez en el mes anterior a la fecha en que se realizó
la encuesta. En 1999, la Encuesta Nacional de Hogares sobre las Drogas
(National Household Survey on Drugs) encontró que alrededor de 14.8
millones de estadounidenses, o sea, el 7 por ciento de la población,
había usado drogas recientemente. En otras palabras, el número
de estadounidenses que usan drogas se redujo casi en un 50 por ciento en
el transcurso de las últimas dos décadas. El informe
más reciente de las Naciones Unidas sobre drogas ilícitas
también indica que el consumo de drogas en los Estados Unidos se
ha reducido desde 1985.
Con lo anterior no quiero decir que no debamos hacer más para reducir el consumo de drogas. Necesitamos más programas de educación y rehabilitación. El Secretario de Estado Colin Powell ha reconocido que la demanda de drogas es el principal factor responsable del comercio mundial de drogas. Por esta razón, dijo, "debemos asegurarnos que estamos atacando la demanda y apoyando el tratamiento de este horrendo problema". Además, el problema del consumo de drogas está afectando crecientemente a más naciones, incluido México. ¿Queremos realmente empeorar la situación mediante la legalización de las drogas?
Finalmente, debemos reconocer que gran parte del flirteo con el concepto de la legalización se origina en un gran sentimiento de frustración, en una percepción errónea de que hemos perdido una guerra y simplemente debemos proclamar la derrota. No hemos ganado la guerra contra las drogas, pero tampoco la hemos perdido. De hecho, rechazo el uso del término "guerra" porque todas las guerras tienen un final, y la lucha contra las drogas bien pudiera no tenerlo. Podríamos estar luchando contra el comercio de las drogas ilícitas durante mucho tiempo en el futuro, al igual que lo hacemos contra otras clases de crímenes.
Sin embargo, el peso del reto que afrontamos no debe desanimarnos ni conducirnos a soluciones falsas. En verdad podemos avanzar, y lo hemos hecho. Pero no podemos perder la determinación de luchar. Los costos que pagaríamos por conformistas y resignados serían demasiado altos; se medirían con base en la declinación de nuestras culturas y se contarían de acuerdo con el número de vidas destruidas.
Los que tenemos que ver con la educación de nuestras sociedades no podemos rendirnos.
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