INFORMACION DE FONDO
Discurso Pronunciado por el Subsecretario de Comercio
Internacional de los E.U., Franklin L. Lavin, ante Miembros
de la Cámara Americana de Comercio
TEXTO ANTICIPADO

El Subsecretario Franklin L. Lavin ante la Cámara Americana de Comercio.
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8 de mayo de 2007
México, D.F.
Gracias por la presentación Simón (Simón
Díaz, Presidente de la AmCham y Director General
y Presidente de Emerson Latin America). Me complace mucho
estar aquí y compartir algunos puntos de vista con
ustedes. Como formé parte y fui miembro de dos mesas
directivas de dos Cámaras Americanas de Comercio
en el extranjero cuando trabajé en la iniciativa
privada, siempre he considerado las reuniones de la AmCham
como similar a una reunión familiar. Debido a que
pasé gran parte de mi carrera en el sector privado
en el extranjero trabajando para compañías
estadounidenses, tengo un cariño especial a las empresas
estadounidenses que operan en el exterior. Estamos muy contentos
por su éxito en México y haremos lo que esté
en nuestras manos para promoverlo.
Esto me lleva a un tema del cual quiero hablar hoy: Cómo
pueden trabajar México y los Estados Unidos para
ampliar el crecimiento económico y mejorar nuestra
competitividad en la economía global. Como vecinos
debemos ser aliados en eliminar las barreras comerciales
subyacen, mejorar el entorno para los negocios y facilitar
la comprensión de las normas y reglas para poder
avanzar juntos.
Buenas Noticias
Pero permítanme comenzar con algunas observaciones
sobre la economía de México. Ha habido muchas
buenas noticias recientemente, y algunos datos indican que
la prosperidad de México es de largo plazo y sostenible.
La economía rebotó de un crecimiento de casi
cero, a 4 por ciento el año pasado; la inflación
se ha recortado a más de la mitad en la última
década; y al mismo tiempo, las reservas internacionales
se han más que duplicado. Los mercados reflejan este
optimismo, con el IPC de la bolsa cercano a un máximo
constante. El PIB (nominal) se duplicó en una década
y los mexicanos están invirtiendo en capital de largo
plazo en su país.
Un ejemplo de esto es la propiedad de viviendas. Más
de 560 mil nuevas viviendas fueron construidas el año
pasado en México, casi el doble que hace seis años.
De hecho, más personas son dueñas de sus hogares
en México que nunca antes, y la clase media mexicana
nunca había sido tan grande. Otro indicador de este
ciclo virtuoso tiene que ver con los niveles cada vez mayores
del ingreso disponible que se asignan al uso de instrumentos
financieros, préstamos y otros productos.
El mérito de este crecimiento le corresponde al
pueblo mexicano y a las sólidas políticas
de su gobierno. México se ha mantenido en el camino
de la reforma por algunos años, privatizando, desregulando
y acotando el papel del gobierno en la economía.
El Plan 2030 del presidente Calderón, enfocado a
fortalecer el estado de derecho, facilitar el comercio transfronterizo
y fortalecer las leyes de protección a la propiedad
intelectual, es un buen ejemplo del espíritu de optimismo
económico que vemos cada vez más a lo largo
de México.
La internacionalización de la economía de
México, reflejada en nuestro comercio bilateral,
ha sido parte de este proceso de reformas. El año
pasado hubo una cifra record comercial, con más de
330 mil millones de dólares en intercambio de bienes
y servicios a través de nuestra frontera. Esto duplicó
el comercio de hace nueve años y más que triplicó
el comercio que había antes de la implementación
del TLCAN. Esto se complementa con inversiones transnacionales
por más de 80 mil millones de dólares, que
se han más que duplicado en los últimos siete
años.
Lo anterior significa que los trabajadores y los empresarios
tienen acceso al mercado más grande del mundo, además
de que los consumidores mexicanos pueden demandar productos
de este mismo mercado. Los Estados Unidos observan beneficios
similares, con productos menos caros por el lado de las
importaciones y un mejor acceso a los mercados por las exportaciones.
Curiosamente, a pesar de su tremendo éxito, el TLCAN
aún recibe algunas críticas en nuestros dos
países. Pero el hecho de que no todos se hayan beneficiado
completamente de una economía mexicana que crece
rápidamente o que ha ya habido problemas de ajuste
en los Estados Unidos, no significa que deberíamos
dejar de promover estas políticas de crecimiento
económico. De hecho, quiere decir que debemos continuar
con ellas para que los ciudadanos de nuestros dos países
obtengan beneficios más ampliamente.
Para México, el comercio con Estados Unidos es mayor
al total que sostiene con el resto del mundo. Para los Estados
Unidos, el comercio con México es mayor al que mantenemos
con toda América Latina, incluyendo Brasil, Argentina,
toda Centroamérica y todo el Caribe, con una diferencia
que equivaldría al comercio que tenemos con India.
Expresándolo de otra manera, el comercio estadounidense
que actualmente mantenemos con México supera a todo
nuestro comercio en 30 años con el resto del mundo.
Mantenemos el proceso de reformas activo a través
de la Asociación para la Seguridad y la Prosperidad
de América del Norte (ASPAN), que atiende asuntos
como la protección de nuestras sociedades contra
bienes de consumo irregulares, el combate a enfermedades
infecciosas, la reducción de los tiempos de espera
en la frontera y la lucha contra falsificaciones y defraudadores.
A través de ASPAN, recientemente implementamos la
Iniciativa de Carga por Mar, que permite reunir la información
en una base de datos de los barcos que entran a nuestros
puertos, agilizando la revisión aduanera. El acuerdo
sobre cemento del año pasado y los avances en cuanto
a la eliminación del impuesto de 20 por ciento a
las bebidas endulzadas con alta fructosa de jarabe de maíz,
son otros ejemplos de cooperación exitosa.
Efectivamente, de acuerdo al Banco Mundial, México
ha sido uno de los principales reformistas económicos,
adelantándose a más de 20 países en
la encuesta anual de reforma económica de este año.
En áreas como la apertura de nuevas empresas, protección
a inversionistas y pago de impuestos, México —el
número 43— ha logrado un avance excepcional.
De hecho, ahora está en el mismo rango que España
—número 39— y que Taiwán —número
47.
Retos
Aún con estas buenas noticias, también debemos
estar concientes de que hay retos.
En primer lugar, la competencia global requiere que sigamos
mejorando nuestra eficacia y eficiencia. Aun cuando logremos
grandes avances económicos en términos absolutos,
es probable que de hecho hayamos perdido terreno en términos
relativos porque otros países en Asia, Europa y en
otras regiones también están aumentando su
competitividad. Nunca ha sido fácil para empresas
estadounidenses o mexicanas entrar a otros mercados, y tampoco
ha sido fácil que empresas de otras naciones entren
a nuestros mercados. El hecho es que el mundo se está
moviendo con mayor rapidez.
Por lo que toca a los Estados Unidos, debemos trabajar
en cuanto a los cruces fronterizos. Desde mi perspectiva,
quienes ven esta situación como un trueque entre
seguridad y eficiencia, simplemente están estableciendo
una dicotomía falsa. Es posible mantener el alto
volumen de actividad económica en conjunción
con nuestras necesidades de seguridad. Los productores saben
que un gran volumen y una alta calidad no son inconsistentes,
porque podemos estandarizar la producción, utilizando
controles de procesos e ingeniería industrial, para
que al mismo tiempo que mejoramos la productividad también
aumentemos la calidad.
En el Departamento de Comercio estamos trabajando con otras
agencias para mejorar la eficiencia de los cruces fronterizos.
Nos hemos dado cuenta de que medidas tan simples como armonizar
las horas de operación pueden tener un impacto significativo
en la eficiencia a lo largo de la frontera.
El transporte de carga es otro asunto delicado que estamos
abordando. Los Estados Unidos apoyamos la puesta en vigor
de lo estipulado por el TLCAN a este respecto y estamos
trabajando para resolver algunas preocupaciones recientes
de parte del Congreso.
Otro reto que afrontamos es la reforma migratoria integral
propuesta por el Presidente Bush. Se trata de un tema delicado
en nuestras dos sociedades. Es importante realizar el trabajo
arduo que se requiere para asegurar nuestras fronteras y
al mismo tiempo encontrar una manera más solidaria
de tratar con quienes las han cruzado ilegalmente. La administración
del presidente Bush quiere lograrlo con el apoyo de ambos
partidos, para reformar un sistema que no está funcionando
y que haya consistencia con el espíritu de nuestro
país. Somos una nación de inmigrantes. Ellos
nos fortalecen, nos renuevan. Los Estados Unidos y México
no merecen menos que un sistema que funcione, que sea compasivo
y que también sea amplio.
También necesitamos expandir los beneficios del
libre comercio a otras naciones en América Latina.
Los tratados de libre comercio aún pendientes con
Perú, Panamá y Colombia son una prioridad
importante para esta administración. Sabemos que
mientras mejor se desempeñen estas tres economías,
México también se beneficiará. Para
ser francos, cuando observamos las crecientes exportaciones
de México a Corea del Sur y el volumen de productos
estadounidenses con insumos mexicanos que vendemos a esa
nación, no es inconcebible sugerir que el Tratado
de Libre Comercio entre los Estados Unidos y Corea del Sur
pueda beneficiar más a México que tratados
similares con naciones latinoamericanas.
Por lo que respecta a México, también hay
numerosos retos. Una barrera son las redundantes evaluaciones
y procedimientos de certificación. México
no ha autorizado a organizaciones como los “Underwriters
Laboratories” a operar en México, a pesar del
compromiso de hacerlo conforme al TLCAN. La consecuencia
es tener pruebas repetidas y recertificaciones innecesarias
de productos eléctricos. Las opciones para los consumidores
se reducen, ellos pagan invariablemente el costo de las
redundancias y, en último término, los productos
no son más seguros.
Otro reto es la necesidad de aumentar la eficacia en la
aplicación del estado de derecho. Las empresas requieren
garantías de que se abordarán las disputas
comerciales a través de procesos civiles. Desean
saber que sus directivos no serán sujetos de demandas
penales a nivel personal o que se les amenazará con
ir a prisión si su empresa tuviera una disputa con
una entidad mexicana.
Un tercer asunto relacionado es el de los derechos de propiedad
intelectual (DPI). Una fuerte protección de éstos
puede dar a México una ventaja competitiva importante.
Las empresas invierten en procesos y productos de alta tecnología
en lugares donde se protegen los derechos de propiedad intelectual.
La innovación se dará sólo donde se
protejan estos derechos. Con régimen fortalecido
de protección a los DPI, México estaría
a la par de los Estados Unidos y Canadá, y significativamente
por encima de casi todo resto de América Latina.
El presidente Calderón sabe lo que ustedes y yo sabemos:
si queremos ayudar a los consumidores y mantener el flujo
de la inversión, todos los países requieren
de una reforzada protección de los derechos de propiedad
intelectual.
Por último, al mismo tiempo que México continúa
trabajando a favor de las reformas, es necesario reflexionar
sobre las medidas que mejorarían la vida de los ciudadanos
comunes, tales con las relativas a las telecomunicaciones
y radio y teledifusión.
Un sector de radio y teledifusión más competitivo
dará a los consumidores más opciones de contenido
–desde entretenimiento hasta programas educativos.
Además, los usuarios de telefonía celular
en México pagan algunas de las tarifas más
altas en el mundo por el servicio a líneas fijas
y a teléfono celular –aproximadamente seis
veces más que el promedio que se paga en los Estados
Unidos por llamadas internacionales y de celular, de acuerdo
con los medios. Para ser competitivo, México necesita
acabar con los monopolios y abrir estos mercados.
Así que ambos tenemos trabajo que hacer, desde los
cruces fronterizos hasta la radio y tele difusión.
Pero les quiero decir que soy optimista en cuanto a nuestra
capacidad para hacer frente a estos asuntos. En mis conversaciones
con dirigentes, empresarios y ciudadanos mexicanos, veo
un sentimiento de optimismo en cuanto al futuro. La gente
sabe que se requieren cambios y que México tiene
una agenda sólida de reformas. Por nuestra parte,
los Estados Unidos estamos comprometidos también
con políticas orientadas al crecimiento económico
y a mejorar esta relación vital.
Espero con gran interés trabajar con ustedes en
convertir las aspiraciones de de hoy en las realidades del
mañana en cuanto a una asociación más
segura, sólida y próspera entre nuestras dos
naciones.
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