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SEGURIDAD Y FRONTERAS

Palabras del Subsecretario de Estado John D. Negroponte en la Reunión "México Cumbre de Negocios"

TEXTO ANTICIPADO

28 de octubre de 2007
Monterrey, N.L.

Muy buenas noches. Muchas gracias Lic. Miguel Alemán Velasco, presidente de esta reunión, por su amable presentación. Quiero destacar la presencia del Presidente de Guatemala, Oscar Berger Perdomo, así como la del Gobernador del Estado de Nuevo León, Natividad González Parás, quienes se encuentran con nosotros.

Agradezco a todos los distinguidos invitados por permitirme ser parte de este importante diálogo. La Cumbre de Negocios que se celebra en Monterrey cada año se ha destacado por la presencia de todos los líderes que se reúnen para analizar nuestra relación de largo plazo y las perspectivas para el continente.

Me da mucho gusto estar en México. Como muchos de ustedes saben, fungí como Embajador de los Estados Unidos en México durante cuatro años, de 1989 a 1993. Con frecuencia pienso que los años que pasé en México se encuentran entre los más interesantes y fructíferos de mi carrera. Mi familia atesora los recuerdos del tiempo que pasamos aquí y los muchos amigos mexicanos que hicimos, y hemos regresado frecuentemente después de haber dejado nuestra posición oficial en la Ciudad de México en septiembre de 1993.

Los Estados Unidos tienen un gran interés en el éxito de México. Compartimos una relación amplia y profunda, y comprendemos también que el futuro de nuestros países –nuestro éxito y competitividad en esta era global– están cada vez más entrelazados. Tenemos nexos demográficos únicos; nuestra sociedad se enriquece por el talento y la productividad de muchos de los conciudadanos de ustedes que viven en los Estados Unidos. Por otra parte, alrededor de un millón de estadounidenses viven en México. La nuestra es una amistad y una sociedad que ha crecido con el tiempo y que se basa en valores e intereses compartidos, al igual que en extensas relaciones de persona a persona.

Cuando recuerdo mis años de servicio en México, pienso cuán lejos ha llegado nuestra relación desde 1993. Cuando fui embajador aquí, el consenso popular era que estaba fuera de nuestro alcance tener fuertes nexos bilaterales. Recuerdo que al prepararme para asumir el cargo, leí el libro “Vecinos Distantes” de Alan Riding, en el que el autor se refería a México y a los Estados Unidos como a dos naciones fronterizas “separadas por lenguaje, religión, raza, filosofía e historia”. Indicaba también que “probablemente en ningún lugar del mundo dos vecinos se entiendan tan poco”. Riding escribió el libro en 1984. Contenía un mensaje pesimista.

¡Qué diferencia tan grande pueden hacer dos décadas! Vean ahora la amplitud de lo que hemos logrado precisamente porque refleja cuán lejos hemos llegado. El número de temas que tratamos, la interacción que tenemos en una amplia gama de asuntos bilaterales, trilaterales y multilaterales es mucho mayor hoy en día que nunca antes, sin tomar en cuenta el dinamismo a nivel estatal y local. Actualmente nuestros países están unidos –no divididos– por la historia, la cultura, los negocios y conexiones que nuestros ciudadanos comprendieron mucho antes que nuestros gobiernos.

Ya no somos vecinos distantes –estamos involucrados profundamente el uno con el otro. Sin embargo, ¿quiere decir esto que siempre estamos de acuerdo? Por supuesto que no. Pero lo que sí significa es que con mayor frecuencia nuestros valores comunes nos conducen a cooperar para enfrentar retos comunes. Los mexicanos y los estadounidenses reconocemos cada vez más el impacto corrosivo del tráfico de narcóticos y del crimen en ambos lados de la frontera. Y nuestros valores comunes incluyen el compromiso con la democracia, el estado de derecho y la prosperidad de todos nuestros ciudadanos.

Como Embajador de los Estados Unidos en México hace 14 años, me desempeñé durante una etapa dinámica de las relaciones entre México y los Estados Unidos. Participé en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el cual transformó las relaciones entre los Estados Unidos y México, y sirvió como modelo de crecimiento y desarrollo económico en todo el mundo.

Al terminar mi gestión como embajador en 1993, los Estados Unidos y México estaban a punto de implementar el TLCAN. En ese año, el comercio entre los EUA y México llegaba a 99 mil millones de dólares. Las inversiones de los EUA en México alcanzaban los 15,400 millones. Ninguna de estas dos sumas es despreciable, pero ahora, catorce años después, palidecen ante los números que reflejan los enormes avances que hemos logrado en integrar nuestras economías. En 2005, las inversiones de los EUA en México ascendieron a 71,400 millones, más de cuatro veces la cantidad de 1993. En 2006 intercambiamos más de mil millones de dólares en bienes y servicios al día, casi cuadruplicando, igualmente, nuestro comercio bilateral.

En los primeros 15 años de este histórico acuerdo de libre comercio, unidos hemos desarrollado en gran medida la competitividad de Norteamérica. Al abrir nuevos mercados, el TLCAN ha llevado a la creación de nuevos empleos y mejoras en los estándares de vida. Y esto continuará. Sin embargo, al tiempo que nos afanamos en realizar la promesa del libre comercio, no podemos olvidar a aquellos en ambos lados de la frontera que no sienten los beneficios de dicho comercio, y que cuestionan su utilidad. Debemos continuar invirtiendo en educación, entrenamiento laboral, y programas de desarrollo, para que cada ciudadano tenga las habilidades que le permitan competir en el dinámico siglo XXI, y que hagamos que Norteamérica sea el mejor lugar para vivir y hacer negocios en el mundo.

Ustedes y yo estamos mejor como resultado del TLCAN. Al continuar la cooperación intensa en Norteamérica, confío en que nuestros hijos cosecharán aún mayores beneficios.

Y, como ya dije, el TLCAN ha sido un modelo para la región mientras negociamos acuerdos adicionales de libre comercio en el hemisferio. Justo este mes, Costa Rica votó a favor del Acuerdo Centroamericano de Libre Comercio, conocido como CAFTA, el cual estimulará el comercio amplio por Centroamérica y la República Dominicana. Y el Presidente Bush le ha pedido al Congreso de los EUA que vote a favor de tres otros tratados de libre comercio: con Colombia, Panamá y Perú. Estos tratados le dan nueva fuerza a nuestras economías, generan empleos, y promueven la competitividad que todos necesitamos en esta vasta y nueva economía global. Es vital que dichos tratados sean aprobados por nuestro Congreso a la brevedad posible.

Hace catorce años nuestros líderes tenían una visión de una región dinámica prosperando económica y políticamente. Hoy en día nuestros líderes reconocen la necesidad de proteger nuestra prosperidad y bienestar combatiendo amenazas transnacionales. Estamos unidos en nuestra meta de lograr una región próspera y también segura, libre de la explotación de los criminales organizados, y a salvo del riesgo del terrorismo.

Nuestras economías prosperan mejor si los inversionistas se sienten seguros, los consumidores pueden tomar decisiones sin intimidación, y las empresas pueden confiar en el imperio de la ley. Las organizaciones criminales y los terroristas no sólo destruyen vidas y posesiones: destruyen la confianza y la esperanza.

Estas bases para mayor cooperación fueron sentadas durante la administración Fox, cuando empezamos a mejorar el intercambio de información entre fronteras para mejor atacar a las organizaciones criminales. Sin embargo, entre más nos comunicamos y cooperamos, más nos dimos cuenta de la enormidad del reto.

El día de hoy tengo el privilegio de volver a desempeñar un papel en el fortalecimiento de los vínculos entre los EUA y México al unirnos como socios que confrontan nuestras amenazas mutuas. Asumimos nuestras obligaciones mutuas de protegernos contra organizaciones criminales que operan no sólo a lo largo de nuestra frontera, sino muy dentro de nuestras dos naciones con un alto nivel de violencia y un cruel desprecio por la vida humana, lo cual es inaceptable para nuestros ciudadanos.

Cuando el presidente Calderón tomó posesión, dejó claro que la lucha contra el crimen organizado era una prioridad. A la fecha, sus acciones han hablado con vehemencia, y acentúan su determinación y dedicación al éxito en esta lucha. Desde enero, el gobierno de México ha extraditado a más de 70 criminales, incluyendo a figuras prominentes de cada uno de los cárteles principales que operan en México. También ha desplegado una serie de operativos en estados clave para desarticular las redes de operación criminal. Las agencias federales de procuración de justicia no sólo están haciendo de los esfuerzos contra la corrupción una prioridad, sino que el gobierno federal ha promovido que las agencias estatales y locales hagan lo mismo. Y hemos visto decomisos de precursores químicos; cocaína, de la cual fueron decomisadas 10 toneladas hace sólo unas semanas; y efectivo, como los 207 millones de dólares que fueron decomisados en una casa en la Ciudad de México.

El presidente Calderón es incesante en la lucha. Ha propuesto audaces reformas de justicia y seguridad que ahora están pendientes en el Congreso mexicano. Puede que estas reformas pronto se agreguen a la lista de reformas exitosas que se han aprobado por el liderazgo de un congreso revigorizado. Quiero reconocer el sacrificio de su liderazgo. Los carteles de droga al contraatacar al gobierno, mayor número de soldados, policías y servidores públicos han muerto asesinados este año que en el pasado.

El presidente Calderón y su gabinete reconocen que éste es un reto compartido. Y los Estados Unidos también han estado activos en estos mismos esfuerzos. Hemos establecido una Estrategia Nacional Contra Narcóticos en la Frontera Suroeste para implementar objetivos de recolección de inteligencia, incautación, vigilancia, y procesamiento para detener las actividades criminales. Y en el 2005, la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos lanzó su propia Iniciativa de la Frontera Suroeste para compartir información de rastreo con México, y así cerrar corredores de tráfico de armas y expandir la cooperación en materia de inteligencia.

Iniciativas exitosas en ambos lados de la frontera han llevado a nuestras dos naciones a un punto similar: somos más fuertes trabajando juntos. El crimen organizado no respeta las fronteras, y no debemos permitir que las fronteras sean barreras que separen los esfuerzos de procuración de justicia. La cooperación a través de las fronteras también reforzará los esfuerzos individuales, socavando aún más a las pandillas y a los narcotraficantes.

Durante su reunión el pasado mes de marzo con el presidente Bush, el presidente Calderón propuso que nuestros dos países intensificaran los esfuerzos bilaterales. Urgió a los Estados Unidos a expandir sus esfuerzos para reducir la demanda de drogas, detener el flujo de armas en la frontera y atacar el lavado de dinero más agresivamente. El presidente Calderón también ofreció expandir la cooperación bilateral de manera que ambos seamos más efectivos en nuestros respectivos lados, para detener al crimen organizado y el tráfico de drogas, y asegurarnos de que las organizaciones terroristas no pueden prosperar en ninguna de nuestras dos naciones.

Desde ese momento, hemos tenido consultas extensas para definir el alcance de nuestra sociedad. Hemos escuchado palabras de apoyo de nuestras respectivas legislaturas y esperamos involucrarlas, reconociendo la tarea indispensable que tienen en este proceso. Ambos presidentes han estado involucrados de cerca en momentos clave, discutiendo el desarrollo de esta sociedad por teléfono, y por supuesto, en la Reunión de Líderes de Norte América en Montebello, Canadá, el pasado mes de agosto.

El resultado es la Iniciativa Mérida, una nueva sociedad anunciada por el Presidente Bush y el Presidente Calderón la semana pasada para enfrentar al crimen organizado y al nacro trafico que operan en la región. El TLCAN transformó nuestro comercio y ayudó a que la gente prosperara. Esta nueva iniciativa se construirá en el éxito del TLCAN y definirá nuestra responsabilidad compartida para enfrentar al crimen organizado. Nos comprometemos con la cooperación estratégica y táctica necesaria para combatir las actividades criminales y separar las iniciativas para reforzar nuestros respectivos y complementarios esfuerzos contra retos específicos.

Permítanme empezar por decirles lo que esta sociedad no representa. No es un plan que incluya un incremento en la presencia del gobierno de los EUA en México con agentes o soldados. No es una estrategia que infrinja la soberanía y derechos de México – o los de EUA. Es una estrategia de logros – logros contra el crimen organizado y el tráfico de drogas, lograr la protección de las victimas que explotan, lograr el fortalecimiento de nuestros esfuerzos mutuos contra posibles amenazas terroristas, y lograr desmantelar las redes de contrabando de todo tipo.

Nuestros dos países compartirán información y bases de dato para asegurarse que sabemos lo más posible sobre los criminales y sus redes. Los EUA apoyaran con equipo las continuas incitativas de México para que nuestros respectivos equipos de procuración de justicia puedan trabajar en coordinación efectiva. Compartiremos pistas, desarrollaremos investigaciones paralelas y realizaremos los procesos respectivos para sacar de las calles a los criminales en México y los EUA. Ofreceremos ampliar los programas de entrenamiento existentes para que los oficiales y agentes de México cuenten con los recursos y habilidades que necesitan para procurar la ley.

También trabajaremos en nuestros propios retos. Para los EUA, una reducción de la demanda, del flujo de la divisa en volumen y de armas ilegales son una prioridad, aunado a los esfuerzos actuales. Para México, los ataques directos al crimen organizado mientras reforma sus sistemas judiciales y policiacos son tareas formidables.

De la misma manera, voltearemos al sur y ampliaremos nuestra estrategia y apoyo a nuestros socios en Centro América quienes comparten los mismos retos y compromisos. Trabajando con los líderes de México y estos países, alinearemos nuestro entrenamiento, ofreceremos equipo e información para que el largo rastro de actividades ilícitas que atraviesa Centro América hacia los EUA se desarticule.

Al obtener éxito – con las organizaciones criminales desmantelándose, las pandillas perdiendo su dominio por Centro América y los EUA reduciendo su demanda de narcóticos – prosperaremos. Cuando los criminales dejen de corromper, intimidar y socavar nuestras sociedades, las empresas florecerán, los empleos se multiplicarán y la oportunidad se enraizará.

Fui honrado al estar presente durante la creación del TLCAN, y al día de hoy observo el bienestar que trajo a todos los socios. Me siento honrado de estar presente mientras los EUA y México lanzan esta nueva era de cooperación contra el crimen en todas sus formas, una época que nos liberará del sufrimiento que causa el crimen organizado y que nos protegerá de la siempre presente amenaza terrorista. Hace dos décadas quizás éramos solo vecinos con una frontera en común – hoy somos socios en muchos de los asuntos de importancia para ambos países. De la gran fortaleza de nuestros dos países y del respeto y confianza que traemos, esta sociedad verdaderamente tendrá éxito.

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